No creas en todo lo que se dice.

Aun cuando creas que algo aparece claro, ponlo en duda y no reposes. Duda de todo lo que parece ser bonito y verdadero. Pregúntate siempre: «¿Para qué?». No creas que una cosa sola es buena; lo recto no es recto y tampoco lo curvado es curvado. Si alguien dice que un valor es absoluto, pregúntale en voz baja: «¿Por qué?». La verdad de hoy puede mentir ya mañana. Sigue el río desde donde comenzó el torrente. No te basten las piezas aisladas. Pregúntate siempre: «¿Desde cuándo?». Busca las causas, une y disuelve, atrévete a mirar tras las palabras. Si alguien dice: «Esto es bueno (o malo)», pregúntale en voz baja: «¿Para quién?» Friedrich Paulus

La debida gestión pesquera

La Revista Pesca es un medio de información alternativo que presenta artículos, opiniones y noticias referidas a la pesca en el Perú y el mundo, con énfasis en la política pesquera, la sostenibilidad de los recursos pesqueros y la seguridad alimentaria. En este blog se publican notas de importancia, así como novedades del sector pesquero. En 2026 cumplimos 67 años de publicación en el Perú.

sábado, 13 de junio de 2026

EL NEGOCIO DE LA PESCA: POLÍTICA, PRIVILEGIOS Y AUSENCIA DEL ESTADO

 

PESCA INSTITUCIONALIDAD Y POLITICA

 

EL NUDO DEL PROBLEMA

La pesca es un caso emblemático de cómo el Perú gestiona (o no gestiona) sus recursos naturales. El núcleo del problema es la gran renta industrial. Lo más revelador no es lo que se debate, sino lo que se evita debatir.

Cuando la política no lidera, la institucionalidad no regula, y la economía no redistribuye, la riqueza se convierte en oportunidad perdida. El problema no es cuánto pescado hay, sino quién decide sobre él. El mar es público, la renta no tanto. Sin institucionalidad, la abundancia es solo extractivismo eficiente.

No se habla de reformar derechos de pesca;  aumentar la captura de renta; redistribuir beneficios, o cambiar el modelo productivo. Porque hacerlo implicaría admitir algo incómodo: que el Estado ha sido un actor débil en uno de los sectores más rentables del país.

CÓMO LA POLÍTICA GOBIERNA LA PESCA EN EL PERÚ

En el Perú, el mar no es de todos. Aunque la Constitución diga lo contrario, en la práctica tiene dueños funcionales: quienes capturan la renta mientras el Estado mira desde la orilla.

El problema no es la falta de normas. Es peor, es la falta de voluntad para hacerlas cumplir. La fiscalización es débil, las sanciones no disuaden y las decisiones clave carecen de transparencia. En ese contexto, la institucionalidad funciona más como una formalidad que como un contrapeso real. El resultado es un sistema donde el cumplimiento es negociable. ¿Cuántas veces un ministro de turno a rebajado multas impuestas o dejado sin efecto algunas, por ejemplo?

El Perú no tiene un problema de mar. Tiene un problema de poder. Y mientras la política siga administrando silencios en lugar de tomar decisiones, la pesca seguirá siendo lo  que es hoy: un negocio extraordinario… con un Estado ausente.

En el Perú, la pesca es un caso de manual de cómo el poder económico disciplina al poder político. Aquí hay nombres propios, responsabilidades concretas y una cadena de decisiones y omisiones que explican por qué la renta del mar termina en pocas manos.

Una sola muestra para entender mejor el tema. El Decreto Legislativo 1084 que crea las cuota de anchoveta para CHI fue promulgado dentro de un paquete de normas destinadas al TLC con Estados Unidos. Se introdujo indebidamente. ¿Quién lo elaboró? ¿Dónde está el informe técnico? Se elaboró fuera del Ministerio. ¿quién lo hizo y quién lo pagó? No fue el Ministerio de la Producción.

El regulador que no regula: PRODUCE

El Ministerio de la Producción (PRODUCE) administra cuotas, temporadas y derechos. En el papel, es el árbitro. En la práctica, actúa como administrador de un statu quo que rara vez incomoda a los grandes jugadores. Bajo gobiernos sucesivos,  la constante no ha sido la reforma, sino la prudencia política; ajustes marginales; debates postergados y una renuencia sistemática a revisar cuánto paga realmente la industria por explotar un recurso público.

El poder del Ministro es casi absoluto. Designa a los jefes de los Organismos Públicos y a todos los funcionarios. Así como los designa los puede remover. Ninguna norma le obliga a aceptar las recomendaciones del IMARPE. El ente científico, para todo efecto práctico tan solo recomienda a través de sus informes, que no son vinculantes. El único que decide cuánto y dónde se puede pescar, entre otras cosas, es el Ministro.

El peligro de este modelo es que el poder del cual dispone el Ministro puede llevar a ordenar, o presionar al ente científico o cualquier otro bajo su mando, a emitir informes que sustenten una decisión política ya tomada. Cuando la lógica es al revés. Se debe tomar la decisión siguiendo la recomendación técnica. En este estado de cosas ello no se puede garantizar.

Es oportuno conocer las funciones del Viceministro de Pesca y acuicultura. El DS 002-2017/PRODUCE, creó el “Despacho Viceministerial de Pesca y Acuicultura”. No creó el viceministerio de Pesca y Acuicultura.

La diferencia es interesante y no es de jerarquía, sino de función dentro de la estructura del Estado. Viceministerio es una unidad orgánica dentro de un ministerio. Forma parte de la estructura formal del Estado y tiene competencias definidas. Está a cargo de un viceministro.  Tiene funciones, direcciones generales y equipos técnicos bajo su mando. Se encarga de formular, implementar y supervisar políticas públicas en un ámbito específico.

Despacho Viceministerial es el ámbito inmediato de trabajo del viceministro, es decir, su oficina o instancia de gestión directa.  No es una estructura con funciones amplias propias.  Sirve para coordinar, tomar decisiones y canalizar el trabajo del viceministerio. Incluye asesores, secretaría y equipo cercano.

Viceministerio es la estructura (con funciones y órganos). Despacho Viceministerial es la oficina del viceministro (espacio de decisión y coordinación).

La norma creó un Despacho, que es el espacio para un viceministro. En la práctica, el viceministro funciona como secretario técnico del Ministro, sin poder de decisión ni de acción. Ni se requiere su firma en los documentos de gestión.

https://revistapesca.blogspot.com/2025/07/el-unico-responsable-del-sector-pesquero.html

El músculo gremial

La industria pesquera cuenta con dos gremios muy organizados y  con posibilidades de crear incidencia política. La SNI y la SNP.

El primero representa exclusivamente al CHD y el segundo a empresas con CHD y CHI. Son dos gremios muy diferentes.

Este último opera con eficacia técnica y política. 

Su influencia se expresa en lo que no ocurre: no hay rediseño sustantivo de los derechos de pesca; no hay salto en la captura de renta;  no hay cambios que alteren la estructura del negocio. Cada intento de reforma tropieza con el mismo argumento: “seguridad jurídica”. Traducido: no tocar las reglas que ya favorecen a quienes están dentro. Gracias a la capacidad organizacional que tiene, dispone de operadores que controlan la narrativa en todos los niveles en defensa de sus intereses, que no necesariamente coinciden con los del país; pero es un justo mecanismo de protección del que disponen y emplean con eficiencia. Controlan el discurso y creen que eso les da la razón y la verdad.

Hace algún tiempo un representante de un gremio expresaba públicamente que la pesca genera 750 mil empleos. Luego se dieron cifras que van desde los 250 mil hasta los 400 mil. Pero nunca se ha ofrecido la evidencia oficial de cuál es el número real y tampoco se precisan las fuentes de esta información. Es así como se construye una narrativa falsa sin que el ciudadano se plantee cuestionarla ni analizarla.

La Pesca Artesanal muestra como mayor debilidad su atomización en más de mil gremios, lo que le resta poder y fuerza para manejar una narrativa común. No pueden enfrentar con eficiencia a la industria ni al Estado en la situación en la que están.

Los trabajadores de la industria y la pesca artesanal forman parte de la sociedad, que es indiferente a la manipulación del poder. No tienen organización unificada ni del mismo nivel y además carecen de los medios, que sí exhiben los operadores de la industria para estructurar su propia narrativa, y probablemente carecen también de la voluntad suficiente y debida para hacerlo.

El Estado, por su parte, es manipulable y sujeto a la influencia política, para bien o para mal. En esta asimetría, la sociedad resulta ser siempre la perdedora.

La ciencia: el Instituto del Mar del Perú

El IMARPE es respetado por su capacidad técnica. Y, sin embargo, su rol termina encapsulado en lo biológico, es decir en informar cuánto hay y cuánto se podría pescar sin colapsar; pero a nivel de recomendación técnica, quedando la decisión en manos de la autoridad política.

El problema es lo que queda fuera: la ciencia no decide cómo se distribuye la renta ni cuánto captura el Estado. Así, el dato técnico se usa como frontera del debate: se discute sostenibilidad, pero se evita discutir distribución y magnitud y tiempos de la captura.

Por otro lado, su dirección depende de nombramientos políticos que vienen del Ministerio, lo que reduce anula su capacidad de influir en las decisiones finales. La amenaza de designar a un presidente de la Institución con un perfil mediocre e inferior al que existía en diciembre de 2025 sigue latente.

https://revistapesca.blogspot.com/2026/04/el-nuevo-perfil-del-presidente-del.html

“Informe sobre el avance de la primera temporada de pesca de la anchoveta peruana (Engraulis ringens) en la región norte-centro al 10 de mayo de 2026 (Of. N° 0813-2026IMARPE/PE;) y al 25 de mayo (Of. N° 0877-2026-IMARPE/PE). 

En el contexto actual, caracterizado por la intensificación de condiciones ambientales cálidas y una alta vulnerabilidad del stock, resulta pertinente mantener un enfoque precautorio respecto de la continuidad de la primera temporada de pesca de anchoveta 2026, a fin de proteger el reclutamiento, la renovación del stock norte-centro y garantizar la sostenibilidad del recurso y su pesquería”.

Este es un texto típico en el modelo pesquero peruano. El ente científico sugiere una medida precautoria sin precisar cuál debe ser, pasando la decisión al poder político. El Ministro es quien decide. ¿Y qué es lo que el Ministro quiere?

https://www.gob.pe/institucion/imarpe/informes-publicaciones/8256382-informe-correspondiente-al-oficio-n-0977-2026-imarpe-pe

El MEF: el gran ausente

El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), el guardián de la caja, aparece poco donde más debería pesar: en la definición de cuánto vale el acceso al recurso.

En cualquier país con vocación de captura de renta, el equivalente del MEF lidera el diseño de regalías y esquemas de pago. En el Perú, su silencio ha sido funcional: deja que un sector altamente rentable opere con una contribución estatal que no guarda proporción con el valor que extrae.

El Congreso: ruido sin reforma

El Congreso de la República del Perú produce iniciativas, comisiones y titulares. Pero cuando se trata de tocar el núcleo, derechos de pesca, redistribución, condiciones de acceso, la energía se disipa.

Hay mucho discurso sobre la pesca artesanal; pero casi ninguno sobre la renta industrial.

Y absolutamente ninguno sobre el tema de la renta, cuotas o derechos de pesca.

El mecanismo: cómo se captura un recurso público

1.Acceso privilegiado mediante reglas estables que nadie quiere revisar.

2. Pago reducido por el derecho a explotar un recurso de alto valor.

3. Fiscalización intermitente que no altera el equilibrio del negocio.

4. Debate acotado a lo biológico, evitando lo económico.

El resultado es un sistema elegante en su simplicidad y eficaz en su objetivo: maximizar la renta privada con mínima fricción política. Defendido por una narrativa eficaz que destaca generación de empleo, aporte al PBI e ingreso de divisas. Pero sin mostrar información oficial en el caso del empleo y ninguna sobre pagos de impuestos y derechos de pesca.

La responsabilidad es compartida (y acumulativa). No es un solo gobierno. Es de varios. No es una entidad, sino varias. PRODUCE administra, el MEF no lidera, el Congreso no reforma y el gremio asegura que nada cambie demasiado. El IMARPE aporta la base técnica, pero no entra, ni tiene por qué, en la disputa por la renta. El equilibrio resultante no es casual, es político.

El problema no es falta de información. Es falta de decisión. El Perú sabe cuánto pesca. Sabe cuánto exporta. Sabe quién gana. Lo que no decide es cuánto debería ganar el país por lo que es suyo.

Y mientras ese cálculo siga siendo políticamente intocable, el mar seguirá siendo público en el papel… pero privado en la práctica.

La política se reparte el mar a través de privilegios y la fijación de las reglas del negocio. Entre cuotas, derechos de pesca bajos o inexistentes, la política controla la riqueza pesquera sin árbitros.

Información complementaria en el siguiente link:

https://revistapesca.blogspot.com/2026/06/pesca-en-el-peru-entre-la.html



miércoles, 10 de junio de 2026

PESCA EN EL PERÚ: ENTRE LA INSTITUCIONALIDAD DÉBIL Y LA ECONOMÍA

 

 


PESCA Y ECONOMIA

Existe en el Perú una narrativa que domina el escenario de los medios y se sumerge en el inconsciente de las personas. Un relato que muestra una interpretación de lo que es la pesca y su impacto sobre el ecosistema y el país.

Por más artículos que se publiquen en medios de comunicación, entrevistas, discursos y mensajes, la realidad existe y al final impone su propio paisaje. Siglos atrás, se estableció la fórmula que definía el concepto de existencia y la regla de todo conocimiento:  “A es A”.  Toda cosa lo es en sí. La realidad es lo que existe, el discurso no existe.  La verdad es el reconocimiento de la realidad;  la razón, es el único medio de conocer los hechos. Y en este caso, la pesca debe ser conocida y analizada contrastando la narrativa con la realidad, el discurso con la razón y ésta con la evidencia.

El discurso se centra en destacar y elogiar, con toda legitimidad, el aporte de la pesca al PBI y al empleo, entre otras cosas; pero jamás se ha mencionado la contribución al país a través de los derechos de pesca e impuesto a la renta. Tampoco se encuentra esta información al alcance de la ciudadanía.

No importa quién sea el autor que dé el discurso sobre la narrativa  de la pesca industrial y la pesca artesanal. Lo que importa es que cada ciudadano adopte la actitud de un espíritu independiente, que no acepte el discurso sin analizarlo, que no reconozca más autoridad que la verdad que muestra la realidad, ni valor más alto que su juicio. La realidad seguirá siendo la realidad, no importa lo que digan los medios ni los narradores.

En el Perú, el mar es público en la ley; pero privado en los hechos. La pesca, en particular la de la anchoveta para harina, genera millones de dólares; pero el Estado captura solo una fracción que no guarda relación con el valor del recurso. No es un accidente, es el resultado de decisiones políticas sostenidas.

El Ministerio de la Producción (PRODUCE) administra el statu quo; el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) no lidera una política de captura de renta; el Congreso de la República del Perú debate, pero no intenta hacer reformas. En paralelo, la Sociedad Nacional de Pesquería asegura que las reglas no cambien en lo esencial. Y aunque el Instituto del Mar del Perú aporta la base científica, el debate se queda en lo biológico y evita lo central: quién se queda con la renta.

La pesca artesanal aparece en el discurso, con razón, pero también como coartada para no tocar el corazón del modelo industrial. Proteger a los pequeños no debería significar blindar a los grandes. Hoy, en la práctica, ocurre eso.

El mecanismo es simple: acceso estable, pago reducido, fiscalización intermitente y laxa y manejo de la narrativa. El resultado es un negocio extraordinario con mínima fricción política.

No falta información. Falta decisión. El país sabe cuánto pesca y cuánto exporta. Sabe quién gana. Lo que el Estado no decide es cuánto debería ganar el Perú por lo que es suyo. Mientras esa pregunta siga fuera de la agenda, el mar seguirá capturado.

El problema estructural en el Perú es la desconexión entre riqueza natural, decisiones políticas e instituciones débiles. La pesca en el Perú no es solo una actividad productiva, sino que es una gran fuente de renta natural del país. Sin embargo, esa riqueza convive con un problema crónico: la política no logra traducirla en el debido bienestar para los peruanos, y la institucionalidad no logra gobernarla con legitimidad. La muestra se ve desde hace años con funcionarios que dirigen la pesquería sin la debida experiencia, escaso o nulo conocimiento y con el claro encargo de no tocar cosas sensibles.

Más información en el siguiente link:

https://revistapesca.blogspot.com/2026/06/quien-nombra-quien-decide-el-poder.html

1. Pesca: abundancia sin gobernanza

El Perú es potencia mundial en anchoveta, base de la harina y aceite de pescado. Pero el negocio está altamente concentrado, orientado a exportación y con baja contribución al país.

El resultado: Alto valor generado. Bajo impacto en empleo y diversificación.  Dependencia de ciclos biológicos y precios internacionales.

2. Política: decisiones capturadas o ausentes

La política pesquera ha oscilado entre dos extremos: Regulación débil o permisiva e intervenciones reactivas ante crisis. En muchos casos, el diseño de reglas (cuotas, derechos de pesca, fiscalización) parece más influido por presiones sectoriales que por una visión de largo plazo.

3. Institucionalidad: reglas sin dientes.

Las normas existen, pero su cumplimiento es irregular. Problemas clave: Fiscalización insuficiente. Fragmentación entre entidades. Baja transparencia en decisiones.

Esto genera una paradoja: un sector altamente rentable operando en un marco institucional frágil.

4. Economía: la renta que no se captura

El punto más sensible: la captura de renta. El Estado recibe relativamente poco en comparación con el valor generado por el recurso. Esto abre preguntas incómodas:

¿Se está cobrando lo justo por explotar un recurso público?, ¿Quién se beneficia realmente de esta riqueza?, ¿Cómo se distribuye esa renta en la sociedad?

En este caso, como en otros, la política resulta ser el arte de no incomodar. Aquí no hay ambigüedad: la política ha decidido no meterse donde incomoda. Durante años, los gobiernos han evitado una discusión de fondo sobre: cuánto se debe pagar por el recurso;  quién accede a él  y bajo qué condiciones. No es descuido. Es cálculo. Tocar la renta pesquera implica enfrentarse a uno de los lobbies más organizados y silenciosamente influyentes del país.

La pesca, en particular la anchoveta, es uno de los negocios más rentables del país. Genera miles de millones, lidera exportaciones industriales y opera con precisión casi quirúrgica. Pero hay un detalle incómodo: esa eficiencia privada convive con una clamorosa renuncia pública. El silencio conviene.

El esquema es simple y brutal: El recurso es público; la renta es privada y la captura estatal es marginal.

En otras palabras, el país exporta proteína convertida en harina… pero el aporte al país es bajo.

Más información en el siguiente link:

https://revistapesca.blogspot.com/2026/05/peces-baratos-y-mucha-ganancia-el.html

El poder oculto

Todo esta problemática y manejo de la pesquería tiene, además de lo descrito, un componente importante y oculto: el poder político y económico que está detrás de todas estas manipulaciones, presiones e intrigas. Quien quiera que fuese el operador, lo hace dirigido por alguien más; pero existe y con  la autoridad y fuerza para disponer nombramientos. Con el poder de hacer que los designados cumplan la agenda.

La operación también alcanza al Congreso para asegurar el statu quo desde el Legislativo, en caso de que la presión sobre el Ejecutivo fallase.

Lo grave es que la ciudadanía peruana permanece ajena e indiferente ante esta situación.

El país tiene que despertar de su letargo y defender su derecho a participar de la renta de sus recursos naturales. El país tiene que romper el ciclo de manipulación y corrupción manejada por poderes fácticos.

¿Sería tan difícil tener una pesquería en la cual ganen lo justo todos, industriales y artesanales así como el país? La madurez cívica que el país requiere, debe llevarnos a un manejo del sector armónico, sin manipulaciones políticas, sin intrigas, sin ambiciones de parte y con visión de país y de futuro.

sábado, 6 de junio de 2026

QUIÉN NOMBRA, QUIÉN DECIDE: EL PODER DETRÁS DE LA PESCA EN EL PERÚ

 


 

Por años, el debate público peruano ha girado en torno a políticos visibles, ministros efímeros y crisis recurrentes. Pero hay otro poder —más silencioso, más estable— que rara vez entra en el escrutinio: el de los tecnócratas que diseñan cómo se reparte el dinero del Estado.

Según la normativa peruana, los ministros son nombrados por Decreto Supremo del Presidente, mientras que los viceministros y directores generales se designan por Resolución Suprema o Ministerial.

Hace años se viene otorgando el poder sobre la pesca a desconocidos que instauran el favoritismo hacia amigos y gente de su confianza que solo busca su interés personal. Para ellos, el sector es lo menos importante, lo que cuenta es la colocación de las personas afines para proteger una estructura de poder que dure lo más posible. La repartija de cargos es un vil acto que beneficia al poder de turno sin importar las necesidades del sector.

La existencia de una clase política que convierte a la política y al sistema de gobierno en una forma de vida insana, amoral, indecente, favorece la aparición de funcionarios que lejos de defender los intereses nacionales, se subordinan a intereses de parte para obtener cargos, para asegurarse a sí mismos ventajas económicas y sociales que resuelvan sus propios problemas y no los del sector.

Existen poderes fácticos que además de influir en las políticas sectoriales, manejan y controlan la narrativa en los medios de comunicación tradicionales. Piensan que su poder es absoluto. Sin embargo, cada vez son menos las personas que acceden a los medios tradicionales y son muchos menos los que creen en lo que dicen. Las redes sociales van imponiéndose y revelando la verdad. En algún momento, los ciudadanos peruanos despertarán de su letargo y recuperarán el país.

La preponderancia de cargos designados cercanos al sector privado, puede traducirse en políticas menos rigurosas para favorecer a quienes deciden quién va a ocupar determinado cargo.

Perú ha mostrado escasa adaptación de cuotas o vedas más estrictas pese a señales de sobrepesca en algunos recursos. La presión de la industria ha prolongado temporadas de pesca intensiva, como se aprecia en la primera temporada de anchoveta 2026. Por otra parte, la concentración de la industria en pocas empresas aumenta la tentación de buscar favores regulatorios que beneficien a las “pesqueras dominantes” a costa de actores menores o del medio ambiente. Por eso tiene que influir en los nombramientos.

En contraste, países con gobernanza pesquera más sólida muestran mejores resultados: Chile, tras reformar su ley en 2013, incorporó comités científicos independientes y planes de manejo concretos; Noruega basa su gestión en datos públicos y cuotas ajustadas a modelos científicos, con alta transparencia; España y la UE usan auditorías externas y sanciones automáticas por incumplimiento.

Estas experiencias sugieren que la dependencia de funcionarios interinos sin rendición de cuentas tiende a favorecer un enfoque extractivista y de corto plazo en Perú.

Lo que el país necesita es que el funcionario que es, o puede ser sujeto de ser influenciado en razón de su cargo, sea una persona decente, comprometida con el país, intelectualmente honesta, de una moralidad y ética intachables, y moralmente obligado a actuar en forma justa y debida, pese a la tentación proveniente de sobornos, o de la presión política. El funcionario debe tener el criterio para determinar si sus recomendaciones o sugerencias son lícitas o no y si benefician a alguien indebidamente. Debe tener el valor de decir “no” cuando piensa que es “no”. Pero cuando dicen “si” mientras piensan que “no” o dice sí por la carrera, comodidad, por la ganancia, por el temor a perder su empleo, mientras su conciencia dice que no, o calla, entonces sus actos se vuelven corruptos y el modelo político y económico se invalida de hecho.

La política y la normatividad debieran obedecer a principios y valores. Quien no los tenga debería ser incapaz de ordenar y gestionar un sistema decente. Toda la gestión pesquera debe estar respaldada por información provista por un ente científico con credibilidad y sin cuestionamientos.

¿Puede el futuro pesquero del Perú estar en las manos de funcionarios temporales sin mayor legitimidad que una resolución que los designa? ¿Sin visión de país, carentes de la experiencia necesaria y de decencia intelectual, inmorales y sin agenda, sino tan solo el interés por satisfacer los intereses gestionados por lobistas y/o poderes fácticos sin escrúpulos, o los de quienes lo han puesto en el cargo, que en la práctica se convierten en los verdaderos hacedores de las normas?

Los poderes fácticos son sectores de la sociedad, al margen de las instituciones políticas, que ejercen sobre aquella una gran influencia, basada en su capacidad de presión o influencia. El poder fáctico no coincide necesariamente con el aparato formal del Estado pero puede influir en las estructuras legales y regulatorias, por intermedio de su capacidad de comunicación y/o de presión.

El funcionario público designado debe tener capacidad, habilidad y experiencia. Pero la experiencia no es el único elemento que debe medirse por los años de haber ocupado diversos cargos dentro del Estado, en los cuales se ha calentado un asiento en diversos puestos, reciclándose gobierno a gobierno como ocurre generalmente en nuestro sistema, sino por las cualidades personales del mismo.

Esa “experiencia”, sumada a una acumulación de títulos, es insuficiente para ejercer un cargo público, si es que no va acompañada de decencia, honestidad y un alto nivel de ética y moralidad. Un corrupto perfectamente capacitado y entrenado, seguirá siendo corrupto. Sus títulos no lo convierten en un funcionario comprometido con el cargo, ni lo vuelven decente, ni le dan la mínima estatura moral que se requiere.

Podrá haber nuevos gobiernos, nuevas autoridades, mejores o peores; pero se aprecia que buena parte de los funcionarios que se nombran en cada nueva administración, generalmente son los mismos que ya estuvieron en otros puestos, los cuales pertenecen a un grupo de personas las cuales, como manada gregaria se reciclan, mutan y se alimentan del Estado. Se ocultan en la espesura en espera de la oportunidad de saltar sobre un nuevo puesto público. Cual cardúmenes de peces en busca de aguas propicias por su temperatura y oxigenación, estas personas migran buscando a sus amigos y se protegen y acomodan entre ellos. Caminan en manada, rotan de líderes a subordinados y viceversa, de acuerdo a las circunstancias.

Están siempre acechando los cambios de autoridades para ver donde se ubican los amigos, a fin de recolocarse ellos también y seguir parasitando al Estado sin ofrecer, en contraparte, un servicio de calidad. Carentes de decencia intelectual y moral, poseen, de alguna manera, una experiencia en la administración pública, han aprendido de gestión pública y se han especializado. Sin embargo, eso no los convierte en conocedores de los temas del cargo y/o sector en el cual operan. Disimulan su desconocimiento de los temas sectoriales con discursos, gestos y poses; camuflan sus verdaderos intereses; no evidencian ni preocupación por el sector ni vocación por resolver sus problemas. Esa experiencia que aducen poseer, no les concede necesaria, ni automáticamente, la estatura moral, honestidad y decencia intelectual que requiere todo funcionario público digno.

En el tiempo más o menos corto que dura el cargo, que siempre pretenden alargarlo adoptando una conducta complaciente para con quienes tienen el poder de removerlos, exhiben una patética soberbia e incompetencia. Porque grande es el temor que poseen de que no se les renueve el contrato o se les retire la confianza. Por ello no hay que dar la contra, no hay que discutir, no hay que opinar, solo flotar y durar el máximo tiempo posible. Hay que rendirse, hay que actuar sumisamente, sin pensar, sin contradecir, sin discutir.

Optar o acceder a desempeñar una función para lo cual no se está capacitado, constituye un acto de inmoralidad e indecencia intelectual, tanto de quien designa como de quien acepta, que constituye una ofensa al sector y al país.

Estamos frente a la existencia de funcionarios que no hacen política en el sentido clásico, pero que ejercen poder político en su forma más efectiva: diseñando reglas, distribuyendo recursos y moldeando conductas y conciencias. No necesitan votos. No dan discursos encendidos. Pero definen ganadores y perdedores.

Ese es el punto ciego del asunto. El problema no es solamente la persona. El problema es el sistema que lo hace posible. Un sistema donde:  la tecnocracia decide, la política no supervisa,  y la ciudadanía no se entera hasta que los resultados, buenos o malos, ya están consolidados.

La pregunta de fondo es: Si el Estado va a intervenir en la pesquería, y es obvio que claramente lo hace, entonces la discusión no es si debe hacerlo, sino cómo, para quién y con qué controles.

Porque detrás de cada designación de funcionarios hay algo más que buenas intenciones: hay poder. Y ese poder, aunque no salga en la portada de los diarios, también debería rendir cuentas.

Se necesita un gobierno nuevo que de inicio a una nueva forma de hacer las cosas y empiece a restar poder a los grupos tradicionales que nos vienen dominando desde hace varias décadas.

miércoles, 3 de junio de 2026

LA RENTA DEL MAR: EL NEGOCIO QUE EL ESTADO NO COBRA

 


El modelo pesquero peruano no es la única forma de hacer las cosas.

Hay países que capturan mucha más renta del recurso pesquero y no por casualidad, sino por diseño institucional.

PAÍSES QUE CAPTURAN MÁS RENTA PESQUERA

Noruega (el estándar alto)

Usa cuotas estrictas + control total del recurso. Cobra  impuestos altos,  licencias,  recientemente impuesto a la renta extraordinaria (salmones)

Resultado:

- El Estado captura una **porción significativa de la renta**

- Parte va a fondos públicos (similar a petróleo)

Clave: El recurso es tratado como activo estratégico nacional

- Sistema de ITQs (cuotas individuales transferibles)

- Las cuotas tienen valor económico real

- El Estado captura renta vía:  impuestos, licencias, regulación estricta

Resultado: Alta eficiencia y  Alta captura de valor nacional

Clave: El acceso al recurso no es barato ni automático.

Nueva Zelanda (modelo económico puro)

Sistema de cuotas totalmente definido. Fuerte monitoreo y cumplimiento

Cobro por: acceso y gestión del recurso

Resultado:  El Estado recupera costos y captura renta adicional.

Clave: El sistema está diseñado como mercado regulado, no subsidio implícito

Chile (más exigente)

Tiene cuotas industriales (similar a Perú). Pero cobra: patentes pesqueras, pagos por tonelada, licencias

Resultado:  Captura más renta que Perú (aunque con críticas internas)

Clave: El acceso al recurso sí tiene un costo más tangible

Perú

- No cobra por cuota (como activo valioso)

- No aplica regalías

- Usa un derecho de pesca ligado al precio, pero muy bajo en el caso de la anchoveta

- No cobra o cobra muy poco en el caso de las demás especies.

En la práctica, es un sistema de acceso barato o gratis, a un recurso público masivo.

No existe una serie pública, ordenada y transparente. Tampoco del impuesto a la renta.

Volatilidad alta:  No es un ingreso estable, depende más de las  condiciones oceanográficas, clima,  cuota,  que de diseño fiscal.

La tasa en el caso de la anchoveta(0.43% del valor FOB de la harina de pescado) es estructuralmente baja.

El factor dominante no es el precio. Lo que manda es cuánta anchoveta se pesca.

Vulnerabilidad total a las condiciones oceanográficas: menos cuota, colapso de ingresos.

El Estado no captura renta estable.

El sistema no está diseñado para capturar renta, sino para cobrar un peaje bajo por acceso al recurso.

No existe información pública, año por año de la recaudación y empleo de los derechos de pesca, lo cual ya es un problema. No se sabe cuánto paga cada empresa por derechos de pesca. PRODUCE no publica ese desglose.

No hay pagos por otras especies.

Ver antecedente en el siguiente link:

https://revistapesca.blogspot.com/2026/05/peces-baratos-y-mucha-ganancia-el.html

 

Diferencia estructural

El punto incómodo no es que Perú “no pueda” capturar más renta. Es que decidió no hacerlo (o no ha logrado sostenerlo políticamente).

Por qué otros países sí pueden

Tres factores clave:

1. Instituciones fuertes: La ciencia manda (no la coyuntura política)

2. Recurso valorizado:  El acceso cuesta dinero real

3. Estado con rol activo: No solo regula sino que también captura renta

Qué implicaría para Perú si se moviera hacia esos modelos:

-Subir derechos de pesca

- Cobrar por cuotas

- Vincular pago a biomasa y sostenibilidad

Resultado probable:

-Mayor ingreso fiscal

-Mayor conflicto político con la industria y los armadores artesanales.

Los países que capturan más renta no tienen más pescado que Perú; pero tienen mejores reglas para cobrar por él.

CONCLUSIÓN

Las empresas más grandes no solo pescan más… también capturan mucho más valor por tonelada.

Las grandes empresas son las que más pagan.  Pero incluso ellas  pagan montos muy bajos en relación al valor que extraen.

En términos simples: El sistema no está diseñado para que el Estado capture más de los grandes actores,  sino para que todos paguen poco… proporcionalmente.


La problemática de los derechos de pesca se ha publicado en tres artículos separados. Pueden leerse en un solo solo en formato PDF en el siguiente link:

https://www.dropbox.com/scl/fi/pvhf715nci06dggjz48v3/El-modelo-pesquero-peruano.pdf?rlkey=amcdarlijp05jk31ue6ah74mq&st=fxcdh0qp&dl=0