LA POTA Y EL BONITO ¿SON RECURSOS DE OPORTUNIDAD, PLENAMENTE EXPLOTADOS
Y ALTAMENTE MIGRATORIOS?
¿SON RECURSOS
PLENAMENTE EXPLOTADOS?
¿Es correcto afirmar de forma categórica que la pota
(Dosidicus gigas) y el bonito (Sarda chiliensis) estén plenamente explotados en
todo momento?
La Pota es un recurso altamente fluctuante. Hay años de alta abundancia donde el esfuerzo
pesquero crece rápidamente, lo que genera riesgo de sobrepesca puntual.
En otros años, el stock se aleja o reduce, y la pesquería
cae sin necesidad de restricciones fuertes.
En la práctica no está crónicamente sobreexplotada, pero sí
puede ser intensamente explotada en picos de disponibilidad.
El Bonito recibe una presión moderada, pero con vacíos de
información. Tiene una explotación más estable y costera, principalmente
artesanal. No suele figurar como un stock colapsado, pero hay menos evaluación
científica sistemática y existe riesgo de subregistro y pesca no monitoreada
En la práctica no hay evidencia sólida de sobreexplotación
generalizada, pero tampoco certeza suficiente para afirmar que está plenamente
explotado.
Ambas especies están condicionadas por fenómenos como El
Niño: Cambian su distribución, entran y salen del dominio peruano y alteran la
disponibilidad para la flota. Esto rompe la lógica clásica de “stock plenamente
explotado”.
En conclusión, no son recursos típicos plenamente explotados
como la anchoveta bajo cuotas. Son recursos dinámicos, con episodios de alta
presión. Requieren evaluación continua, no diagnósticos estáticos.
LA “PLENA
EXPLOTACIÓN”: CUANDO EL ESTADO SIMPLIFICA LAS COSAS
En el discurso oficial, todo tiende a ordenarse en
categorías cómodas: subexplotado, plenamente explotado, sobreexplotado.
Etiquetas útiles para informes, pero peligrosamente simplistas cuando se
aplican sin matices. La pota (Dosidicus gigas) y el bonito (Sarda chiliensis)
son el mejor ejemplo de cómo esa lógica falla.
Decir que estos recursos están “plenamente explotados” suena
técnico, pero en realidad es una ficción administrativa. La pota no responde a
equilibrios estables: aparece en grandes volúmenes algunos años y prácticamente
desaparece en otros. En los picos, la presión pesquera se dispara, no porque
haya una estrategia, sino porque nadie quiere perder la oportunidad. En los
años malos, el problema no es la sobrepesca, sino la ausencia del recurso.
¿Dónde encaja eso en la etiqueta de “plena explotación”? En ninguna parte.
El bonito, por su lado, es tratado como un recurso menor,
casi invisible para la política pública. No porque no sea importante, sino
porque no incomoda. La falta de información robusta y monitoreo real permite
sostener una cómoda ambigüedad: no está colapsado, pero tampoco sabemos si está
bien gestionado. En otras palabras, no se gestiona, sino que se deja estar.
El problema no es técnico, es político. Clasificar a estos
recursos como “plenamente explotados” le permite al Estado simular control sin
asumir responsabilidad. Es una manera de cerrar el debate, de evitar preguntas
incómodas: ¿se está pescando demasiado en los picos? ¿se está perdiendo recurso
en alta mar frente a flotas extranjeras? ¿existe realmente una estrategia
adaptativa?
Además, esta simplificación ignora lo más evidente: estamos
hablando de especies altamente dinámicas, condicionadas por el clima y
fenómenos como El Niño. Su disponibilidad cambia en semanas, no en años.
Pretender encasillarlas en categorías estáticas no es solo un error conceptual;
es una renuncia a gestionar con inteligencia.
La verdad es que la pota y el bonito no están “plenamente
explotados”. Están mal entendidos. Y en política pesquera, lo que no se
entiende, no se gobierna.
¿QUÉ SIGNIFICA
“RECURSO DE OPORTUNIDAD”?
No significa que exista un recurso nuevo. Se trata de una
especie cuya disponibilidad o accesibilidad para la flota aumenta temporalmente
como consecuencia de determinadas condiciones ambientales, oceanográficas o
biológicas.
En 2015, IMARPE informó que las condiciones cálidas habían
producido cambios en la dinámica del mar peruano y un acercamiento de especies
oceánicas hacia la costa. Identificó, entre otras, al bonito, agujilla, jurel
fino y vinciguerria como especies susceptibles de aprovechamiento temporal.
Se refiere a especies cuya disponibilidad es variable en el
tiempo y el espacio, dependiendo de condiciones oceanográficas (temperatura,
corrientes, productividad). Apariciones irregulares que pueden ser abundantes
algunos años y escasas en otros. Pesquerías oportunistas, la flota entra o sale
de la pesquería según la disponibilidad. Alta sensibilidad ambiental, eventos
como El Niño pueden desplazar o reducir los stocks accesibles.
La Pota es un clásico recurso de oportunidad; su abundancia
frente a Perú fluctúa fuertemente.
El Bonito también muestra variabilidad estacional e
interanual, aunque con patrones más costeros.
¿QUÉ IMPLICA SER
“ALTAMENTE MIGRATORIO”?
Son especies que realizan desplazamientos extensos, a menudo
cruzando jurisdicciones (aguas peruanas y alta mar). Se caracterizan por:
Movilidad regional: siguen masas de agua y disponibilidad de
alimento.
Gestión compleja: requieren coordinación internacional o, al
menos, monitoreo constante.
Dificultad para cuotas rígidas: su presencia no es estable
dentro de un solo país.
La Pota es un recurso migratoria en el Pacífico suroriental;
se desplaza entre Perú, Chile y alta mar.
El Bonito muestra
migraciones costeras amplias a lo largo del Pacífico sudeste, aunque menos
oceánicas que la pota.
EL
REGIMEN ESPECIAL 2026
En este contexto, se ha autorizado un Régimen Especial Temporal para el aprovechamiento de recursos de oportunidad frente al Fenómeno El Niño Costero con la RESOLUCIÓN MINISTERIAL Nº 00266-2026-PRODUCE del 13 de agosto de 2026, para el aprovechamiento de recursos de oportunidad frente al Fenómeno El Niño Costero, a partir del día 15 de agosto 2026l y hasta el 30 de abril de 2027, pudiendo modificarse dicho periodo sobre la base de la evidencia científica remitida por el Instituto del Mar del Perú.
El régimen está dirigido a actividades extractivas realizadas con embarcaciones pesqueras de hasta 32.6 metros cúbicos de capacidad de bodega y con permiso de pesca vigente. Estas deberán orientarse a la captura de los recursos incluidos en el listado aprobado como anexo de la resolución. Cuando se trate de recursos plenamente explotados, las embarcaciones deberán contar, además, con autorización de acceso a dichas pesquerías.
Como medida excepcional, los pescadores podrán utilizar artes, aparejos y tamaños de malla distintos de los establecidos en la normativa vigente, siempre que no se trate de métodos expresamente prohibidos. Esta excepción no comprende la red anchovetera de 13 milímetros o media pulgada.
La norma prohíbe el transbordo de recursos hidrobiológicos entre embarcaciones y establece medidas de seguimiento, control y vigilancia. Produce podrá modificar las medidas de conservación, incluidas tallas mínimas, protección del desove y regulación del esfuerzo pesquero, según la evidencia científica
El punto es si esta norma es realmente útil o necesaria en la medida que los recursos a los que se refiere no tienen un reglamento de ordenamiento pesquero que limite u ordene su extracción. Solo existe normatividad sobre las tallas mínimas y artes de pesca, las cuales se origina con la RM Nº 209-2001-PE y posteriores modificaciones, que aprueba la relación de tallas mínimas de captura y tolerancia máxima de ejemplares juveniles de los principales peces marinos e invertebrados, así como la longitud mínima de malla para las operaciones de extracción de recursos hidrobiológicos en todo el litoral.
“¿Cómo debe funcionar el ordenamiento pesquero cuando las condiciones oceanográficas son cada vez más variables?”
En ese escenario, los recursos de oportunidad pueden convertirse en una herramienta de adaptación.
Pero para que funcionen correctamente deberían existir: protocolos científicos previamente definidos; indicadores biológicos de activación; límites de captura; duración máxima; criterios de suspensión automática; trazabilidad de desembarques; monitoreo de tallas; control de capturas incidentales; identificación de beneficiarios; reglas claras de acceso; evaluación económica posterior.
La pregunta es: ¿Solamente los recursos considerados en el anexo de la RM 266 son de oportunidad? ¿No hay otros?
La pota (Dosidicus gigas) y el bonito (Sarda chiliensis) en
el Perú suelen clasificarse como recursos de oportunidad y, en distinto grado,
altamente migratorios. Pero no han sido considerados en la Resolución que
implementa un régimen especial.
Tampoco se ha considerado a los langostinos.
El Régimen Especial Temporal autorizado es de
aplicación a las actividades extractivas realizadas con embarcaciones pesqueras
de hasta 32.6 m3 de capacidad de bodega con permiso de pesca vigente, y que se
dirijan a la captura de los recursos listados en el Anexo de la Resolución
Ministerial, los cuales son:
La Pota es clave para pesca artesanal e industrial orientada a exportación (congelados).
El Bonito es importante para consumo interno y pesca
artesanal.
En conjunto, la pota y el bonito exigen una política
pesquera adaptativa, basada en ciencia y monitoreo continuo, no en reglas
estáticas.
¿Y QUÉ PASA CON LOS LANGOSTINOS?
No están considerados en esta resolución. Sin embargo, el
langostino puede encajar materialmente en la categoría de recurso de
oportunidad asociado a El Niño, pero no existe una norma general que declare al
langostino, por sí mismo y para todo tiempo, como “recurso de oportunidad”. Su
calificación jurídica depende de que PRODUCE establezca un régimen específico,
sustentado en información científica de IMARPE.
Los estudios sobre los efectos de El Niño muestran que los
eventos cálidos pueden producir efectos positivos importantes sobre los
langostinos y otros crustáceos, debido a la modificación de las condiciones
oceanográficas. El Observatorio de Conocimiento Científico sobre Cambio
Climático del Perú, del IGP, recoge que los eventos El Niño extremos pueden
producir efectos positivos fuertes sobre langostinos, langostas, conchas de
abanico y pulpos.
Además, existe evidencia histórica peruana particularmente
relevante.
Durante El Niño 1997-98 se documentó la aparición de nuevas
especies y una mayor presencia de langostinos en las aguas peruanas. Los estudios
de ese evento describieron que el fenómeno generó condiciones que permitieron
una mayor disponibilidad de recursos que normalmente tenían menor presencia en
determinadas zonas.
Incluso en 2015, en Lambayeque, las autoridades pesqueras
utilizaron expresamente la denominación “recursos de oportunidad” dentro de las
acciones preparatorias frente a El Niño, incluyendo entre los recursos y artes
considerados al langostino y la langosta.
PESCAR A CIEGAS: EL
ESTADO FRENTE A RECURSOS QUE NO ESPERAN
La pota (Dosidicus gigas) y el bonito (Sarda chiliensis) no
son la anchoveta. No responden a calendarios cómodos ni a cuotas rígidas
diseñadas en escritorios de Lima. Son recursos de oportunidad, volátiles,
caprichosos, y además —en el caso de la pota con claridad— altamente
migratorios.
Cuando aparece la pota en abundancia, la reacción oficial
suele ser tardía o torpe. Hay, normas, vedas, y permisos que se dan dentro del
dominio marítimo; pero no fuera de él, donde la flota china pesca sin restricciones.
El tema es que esta especie se mueve. Siguen la temperatura, las corrientes, la
comida. Cambian de zona, cruzan fronteras, desaparecen de un puerto y
reaparecen en otro. ¿Y el Estado? Impone normas aplicables solamente a la
porción de mar que puede controlar. La verdad es que lo que se pesca fuera del
alcance de su autoridad impacta sobre la porción del stock que se encuentra
dentro de su jurisdicción. Por tanto ¿qué sentido tiene vedar solo una porción
del stock?
El bonito, aunque más costero, tampoco calza en la lógica
burocrática. Su disponibilidad fluctúa y golpea directamente al pescador
artesanal, el primero en sentir la ausencia y el último en ser escuchado.
Mientras tanto, la política pesquera sigue atrapada en un esquema diseñado para
recursos estables, ignorando que la variabilidad no es la excepción: es la
regla.
El resultado es predecible. Sobrepesca en picos de
abundancia, porque nadie quiere “perder la oportunidad” y desprotección en años malos. Una montaña
rusa sin cinturón de seguridad. Y en el caso de especies migratorias, el
problema se agrava: lo que Perú no captura, lo captura otro en alta mar. Sin
coordinación internacional efectiva, sin estrategia regional, el país juega
siempre a la defensiva.
Lo que se necesita no es más normativa, sino mejor
gobernanza: monitoreo continuo, reglas adaptativas, capacidad de reacción. Un
Estado que entienda que estos recursos no se administran, se siguen. Y que, si
no se actúa con inteligencia, la “oportunidad” se convierte en pérdida.
Porque al final, la pota y el bonito no esperan. Los
langostinos tampoco lo harán.


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