La
extracción de los recursos pesqueros debe considerar una visión de manejo
responsable y adecuado que aseguren su sostenibilidad.
En
ese sentido, en la orientación para crear conciencia de responsabilidad en la
extracción, no existe un Plan Nacional de Capacitación para los pescadores
artesanales ni para los operadores de la cadena productiva del consumo humano
directo. Tampoco existe un Plan Educativo para las poblaciones costeras y
ribereñas orientado a la protección de los recursos hidrobiológicos y del
ambiente marino, fluvial y lacustre.
La
capacitación es fundamental dentro de cualquier estrategia de desarrollo para
este sector. Pero también la educación poblador y al consumidor.
Sin
embargo, hoy en día se encuentra dispersa, no tiene una visión ni responde a
las necesidades ni a la realidad actuales. Muchas instituciones del sector dan
capacitación en base a sus propios planes y procedimientos, los que no están
debidamente articulados ni coordinados. Lo mejor que se tenía en cuanto a la
capacitación era el Centro de Entrenamiento Pesquero de Paita, destruido por
una indebida fusión con el FONDEPES y actualmente en un lamentable estado, muy
alejado de sus mejores momentos.
Para
este propósito se requiere elaborar una estrategia nacional de capacitación,
que genere un plan integral detallado y de largo plazo para la educación y
capacitación de los trabajadores de las cadenas productivas y de
comercialización del consumo humano directo.
La
visión de largo plazo de la pesquería peruana debería orientar, no solo la
actividad regulatoria del Estado, sino modelar una estrategia educativa
nacional integral, que facilite la conservación del ambiente, la inocuidad de
los recursos capturados, la sostenibilidad de los recursos hidrobiológicos de
todo el país y la provisión de proteína barata a la población nacional.
El
Estado debe prestar mayor atención a la educación de la población sobre las
posibilidades de capturas de productos hidrobiológicos y el estado de las
pesquerías. Debe propiciar que los conceptos de ecosistema, seguridad y
soberanía alimentarias, cambio climático, fenómeno El Niño y sostenibilidad
sean conocidos por la ciudadanía.
La
educación y capacitación del pescador artesanal y demás operadores de la cadena
productiva del consumo humano directo, deben considerarse primordiales debido a
las exigencias de calidad que vienen incrementando los países importadores de
nuestros productos, así como de nuestro propio mercado, que no puede ser
tratado como de segundo orden. Los peruanos merecemos la misma calidad que lo
se exporta. Las plantas procesadoras de productos congelados, enlatados y
curados se abastecen exclusivamente de esta cadena productiva, por lo cual
requieren de altos niveles de calidad y sanidad.
Ante
la situación actual del estado de las poblaciones de los recursos pesqueros y
la incertidumbre sobre los efectos del cambio climático, no es recomendable
seguir formando nuevos tripulantes de embarcaciones pesqueras ya que, además de
incrementar la presión por realizar mayor esfuerzo pesquero, que es lo que se
debe evitar, crea pescadores sin ocupación, desilusionados por la falta de
empleo y/o de recursos para extraer así como una competencia por ocupar puestos
de trabajo que presiona sobre los ya existentes. Sin embargo sí pueden
presentarse posibilidades de empleo en la generación de valor agregado a las
capturas.
No
existe información y difusión orientados a contribuir a la conversión de los
actuales armadores informales en pequeños o medianos empresarios pesqueros
debidamente entrenados, con permiso de pesca, con RUC y como propietarios de
micro empresas que contraten apropiadamente a sus tripulantes, lo que les
asegura, a estos últimos, cobertura de
salud, seguridad social y pensión. También el acceso a fuentes de
financiamiento. Estas unidades económicas, eficientes y rentables generarían
bienestar a los pescadores y adecuados productos pesqueros para la población.
Existe
una gran demanda y presión por parte del sector de tripulantes de embarcaciones
artesanales y también de menor escala para acceder a seguridad social y
pensiones. Se han ensayado varias fórmulas sin éxito, cuando la solución más
simple es que sus empleadores se formalicen y los coloquen en una planilla
formal para que accedan, como el resto del sector laboral formal, a estos
servicios.
La
formalización también facilita el acceso a todo tipo de seguros que se requiera
para proteger la embarcación.
Las
posibilidades de extracción tienen límites naturales, lo que obliga a dirigir
el esfuerzo hacia el valor agregado, escalando lo máximo posible. Siendo necesaria
la generación de valor agregado a fin de poder alcanzar mejores niveles de
rentabilidad en beneficio del pescador, del trabajador del sector, del consumidor
y del Estado, es importante diseñar mecanismos de creación de capacidades.
Para
la mayoría de los pescadores artesanales, uno de los haberes más preciados es
su capital intelectual, el cual se encuentra representado por un conocimiento
detallado del caladero y el comportamiento de las poblaciones de peces. Es
precisamente este conocimiento específico el que lo ayuda a sobrevivir en la
competencia con las embarcaciones más grandes y poseedoras de una mayor
tecnología. Sin embargo, su
supervivencia solo mejorará en función de la capacitación contínua a la que
acceda y a la inversión en tecnología que ejecute.
En
este sentido, la educación es responsabilidad del Estado, quien debe diseñar
una política educativa para el sector.
La Universidad y la academia peruanas también tienen espacio para crear programas educativos que conduzcan al mismo objetivo: mejorar la respuesta de las poblaciones costeras y ribereñas ante los impactos del cambio climático y la conservación de las especies dentro de límites adecuados de sostenibilidad.

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