REVISTA PESCA

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martes, 9 de junio de 2015

La guerra del pez banda negra

Una pequeña historia de corrupción en afluentes del Amazonas. Exportadores de peces ornamentales que se coluden con un gobierno regional. El sucesor lo corrige… pero luego cede y se vuelve a lo mismo.

El mundo de los peces ornamentales tiene su misterio. Hace veinte años, por ejemplo, era muy cotizado el pez neón tetra, descubierto en 1940 en el Amazonas por Eugene Rabout. Pequeño, de no más de cinco centímetros, tiene aletas incoloras y recorre su lomo una franja fluorescente azul verdosa con la que, dicen, llama la atención de su pareja. Loreto, una de cuyas principales actividades industriales es la exportación de peces de colores, era un importante proveedor de esta especie a los acuarios de todo el mundo, cuando el Perú lideraba la exportación continental, junto con Brasil. Pero el pez neón tetra dejó de ser la gran atracción. ¿Por qué, si continúa siendo uno de los más vistosos? Una posible respuesta es que el mercado se saturó con tanta oferta. Ahora tiene mucha demanda un pez en forma de abanico llamado “banda negra”. Una franja de ese color le atraviesa el vientre. A propósito de su exportación hay un conflicto de los mil diablos entre comunidades pescadoras de Loreto.

EL PEZ AMIGO

Es un pez pequeño en el acuario, aunque de adulto puede llegar a los veinticinco centímetros. Llegado a esa longitud en algunos países pasa del acuario a los restaurantes, que lo compran para ofrecer un sabroso plato exótico. Cuando despliega sus alas parece una palometa. En lugares como Japón, donde hay fiebre de acuarios, puede costar ciento cincuenta dólares.  En Iquitos, la unidad vale poco más de medio dólar. Su exportación como pez ornamental está prohibida, pero la Dirección Regional de Producción de Loreto (Direpro) autorizó a una ONG  a explotarlo con esos fines en la cuenca del Bajo Nanay, en el marco de un programa de manejo pesquero de cinco años. Detrás de la ONG están cinco asociaciones de pescadores. Y detrás de los pescadores, dueños de acuarios que consiguieron que el pez banda negra se acopiara solo para ellos.

La primera fase del programa autorizaba el acopio de unos ciento cuarenta mil ejemplares. Puestos en el mercado internacional, su valor podría estimarse en cuatro millones de dólares. Las cifras quizá no impresionan, pero el Perú ha dejado de ser un gran exportador desde que, sin estudios de ningún tipo, el Estado prohibió la comercialización como peces ornamentales de unas 35 especies. En los archivos no es posible hallar algún reporte técnico que indique riesgo de extinción. En América del Sur, Brasil y Colombia están por delante, vendiendo peces cuya explotación está vedada en el Perú, aunque mejor sería decir en Loreto, porque la verdadera fuente de los peces ornamentales nacionales es el Amazonas y afluentes. Su exportación es la segunda actividad económica regional, después de la industria maderera. 

 EL AUTO FANTÁSTICO

La aprobación del programa de manejo del pez banda negra batió todos los récords de rapidez. Solicitada en diciembre del 2013 por una filial en Iquitos de la ONG Cendipp (¡cuya misión es defender a la mujer maltratada!), fue aprobada en mayo siguiente, pese a que sus promotores no subsanaron un defecto básico del expediente: no establecía zonificación ni un período previo de evaluaciones. A todos los programas de manejo de Loreto se les exigió este requisito elemental. Los pescadores del Bajo Nanay, unos doscientos asociados, empezaron a trabajar con el financiamiento de cuatro dueños de acuarios, que serían los únicos compradores. Especialistas de la Direpro no pudieron detener un expediente con tanta fuerza.

Había una afinidad entre los exportadores y el entonces presidente de Loreto, Yván Vásquez. Eran parte de su apoyo político financiero. Por otra parte, a David Panduro, director de la Direpro y autorizador del programa, se le vio repetidas veces manejando el auto de Milagros Ferreyra, propietaria de una de las empresas beneficiadas, un Suzuki del 2006. Luego Panduro compró el automóvil por nueve mil dólares, un poco antes de que el programa recibiera luz verde. Hizo más: desterró al biólogo César Correa, quien había hecho un demoledor informe sobre las falencias del expediente presentado. Lo puso a disposición de la gerencia general.

LOS PECES GORDOS

Después de aprobar el programa, la Direpro rompió con su práctica de disponer, en el primer año, evaluaciones de campo destinadas a establecer pautas racionales de administración. De frente autorizó la pesca, sin conocer la población disponible. Todo salió mal. Los manejadores solo obtuvieron veinticinco mil de los ciento cuarenta mil ejemplares autorizados. Debido a las condiciones inmundas del acopio se produjo un altísimo nivel de mortandad del recurso: más del 65%. Las metas de repoblamiento apenas llegaron al 3,3%, cuando debieron ser tres veces más. No obstante, la Direpro autorizó una segunda cuota, de setenta mil ejemplares, a fines del 2014.

Cuando Fernando Meléndez sucedió a Yván Vásquez en el gobierno regional, la situación dio un vuelco. Norman Sánchez, un ingeniero experto es piscicultura, reemplazó al complaciente Panduro. Desaparecieron los privilegios para los exportadores y se dieron los primeros pasos para lanzar con fuerza el paiche hacia el mercado brasileño. La resolución que autorizó la experiencia en el  Bajo Nanay fue anulada, para lo cual solo hubo que dar crédito a los informes oficiales sobre el pésimo manejo del programa. La Direpro y su sindicato de trabajadores fueron juntos hasta el Ministerio Público para denunciar a las autoridades salientes, por las irregularidades cometidas en la aprobación del expediente. Entre otras.

Entonces empezó la contraofensiva de los exportadores. Frente al local de la Direpro en Iquitos, contiguo al malecón, se sucedieron movilizaciones de los pescadores del Bajo Nanay y sus familias. También hubo marchas a Lima y denuncias contra Norman Sánchez a viva voz y por escrito. El presidente regional hizo una primera concesión: les permitió vender públicamente los peces banda negra que ya habían acopiado. Anticipó que sería una medida excepcional. Pero las presiones continuaron.

TORTILLA VOLTEADA

Finalmente, el presidente regional cedió a las exigencias de los dueños de los acuarios. Walter Muñoz, gerente general del gobierno de Loreto, anuló la resolución de la Dirección Regional de Producción. Basándose en un defecto de forma, pasó por alto la falta de idoneidad del programa de manejo, volviendo las cosas a su estado anterior. Podría haber reparado el defecto, pero primó la voluntad política de no malquistarse con los exportadores privilegiados ni con sus pescadores, que continuaban en pie de lucha.  Estos tienen un problema real: deben pagar la deuda con sus financiadores.

Pero ahora ha surgido el reclamo del resto de exportadores y de los pescadores no beneficiados. Para comenzar, impugnaron la resolución del gerente por el simple hecho de que no le correspondía resolver la apelación. De acuerdo a ley, debía absolverla la Dirección Regional de Desarrollo Económico, a cargo de José Luis Alegría. Aparentemente, Alegría hubiera resuelto en sentido contrario al del gerente general. ¿Qué hizo que el gobernador terminara de lado de los infractores? El temor a ser señalado como insensible ante el desempleo de un sector de pescadores. En el Ministerio Público las denuncias derivadas de la irregular aprobación del programa para exportar el pez de banda negra siguen un curso incierto. Un caso más en que una administración honesta convalida una forma turbia de hacer negocios. La próxima vez será aún más complaciente.

Ricardo Uceda. Iquitos.
El Informante

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